jueves, 25 de junio de 2020

EN EL PAÍS DE LAS MASCARAS

Personas con mascarillas protectoras | Vector Premium



En algunos momentos siento que le gano la batalla al stress que genera el encierro, pero reconozco que en ocasiones viene la nostalgia a visitarme, invitándome a hacer cosas que están prohibidas. Es entonces cuando aprovecho y le cierro las puertas.

En algunos instantes me pregunto cómo serán las salidas nocturnas, cuando Nilda, mi sobrina del alma y compañera de diversión y yo, deseemos ir a algún concierto o ir al teatro. ¿Cómo será la vida  sin máscaras?

Pienso que, de mantenerse esta situación, llegará un momento en que ellas formarán parte de nuestro vestuario. Se convertirán en un accesorio indispensable y, además, le quitarán el lugar al pintalabios.

Posiblemente abunden los atracos, ya que no es fácil identificar los rostros, y si hubiese necesidad de hacer un retrato hablado, pienso que sería muy difícil.

Parece que de tanto pensar en esto, el día de las madres, mi hija y su esposo me enviaron un exquisito desayuno sorpresa.

Como mi marido era cómplice, cuando vino el joven enmascarado con su hermoso regalo, yo, manteniendo una distancia exagerada y llena de pánico, le pregunté al joven que quién me enviaba eso. Me imagino que el chico pensaría que estaba en presencia de una loca.

Sólo me acerqué cuando oí la voz que me decía: ¡Tus hijos, claro!
Eso es parte de lo que los psicólogos llamamos stress post traumático.

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