viernes, 11 de febrero de 2022


RENCOR… ¡FUERA!

 Este sentimiento ha sido mi compañero inseparable durante muchos años; siempre tenía grabada en mi mente cualquier comportamiento inadecuado de alguien que, quizás sin proponérselo, me hizo sentir mal.

Esto era una cruz muy pesada, pues además de cargar el disco duro de mi corazón, vivía retroalimentándola, vanagloriándome de que yo nunca olvidaba las cosas malas que alguien me hacía, y recuerdo que cuando niña tuve una “enemiguita”, a la cual dejé de hablarle durante años, y si me pregunto ahora las razones, sinceramente las ignoro.

Una de las cosas más increíbles del rencor es que en ocasiones se convierte en algo personalizado, de uso exclusivo, porque la persona que te causó la herida es posible que ni se acuerde.

Luego de algunos estudios realizados que me indujeron al autoanálisis, decidí, ya que nunca es tarde para eso, trabajarme esa parte tan negativa, que era un obstáculo para poder ayudar a otros a superar algo que yo no había logrado.

Hoy, luego de cerrar algunos capítulos emocionales de mi vida, los cuales lograban que yo viviera repitiéndome mentalmente cosas no socializadas de manera adecuada con la persona involucrada, puedo afirmar con la voz más potente del mundo que realmente me siento liberada, con un  corazón libre, sin ataduras y con el espacio suficiente para dar cabida al mejor de los sentimientos: El amor.

 

martes, 11 de enero de 2022

SABER PELAR PLÁTANOS…



En cierto modo, yo podría afirmar que probablemente en algún rincón de mi subconsciente, se me ha  quedado grabada la incapacidad que siempre he tenido para pelar un simple plátano.

Ayer observaba con la destreza que un vecino mío, de una forma tan profesional, ejecutaba  esa labor para la cual soy incapaz.

Algo acomplejada le hice el comentario a mi marido, y a renglón seguidas, él me respondió: pero él no sabe manejar una computadora… Recuerda lo que te dijo tu difunta madre, doña Chela.

Con esta expresión trajo a mi presente una conversación del pasado, en la cual yo le dije a mi madre que parecería que yo nunca iba a aprender a pelar un plátano, y su respuesta fue: ¿Para qué quieres aprender eso? ¿Tú vas a ser una pelaplátanos?

Con ese comentario ella cerró ese capítulo, casi nunca me ponía a realizar ese trabajo, y cuando por necesidad yo tenía que hacerlo, nunca criticó el desastre que yo hacía.

Como seres humanos, somos imperfectos, difícilmente podemos hacerlo todo bien, pero Dios nos ha dotado de tantas capacidades, que solo nos resta dar gracias por todas aquellas cosas que sí podemos hacer.

 


RENCOR… ¡FUERA!   Este sentimiento ha sido mi compañero inseparable durante muchos años; siempre tenía grabada en mi mente cualquier comport...