lunes, 30 de julio de 2018

EL QUE NO SE PUEDE TIRAR…





El  pasado sábado 28 de julio, gracias al patrocinio de una persona amiga, la cual es poseedora de unos detalles muy finos, tuve la oportunidad de asistir al concierto de un artista que en tiempos pasados, llenó un espacio muy especial en mi vida: Danny Daniel.

Aunque no soy del tipo de persona a quienes les gusta oír música de años atrás, exceptuando aquella en inglés de la década 50-60,que era y es mi fascinación, me sentí  afortunada, e inmediatamente invité a mi socia, compañera de andanzas, la cual gustosa aceptó.

Fuimos al Salón La Mancha del antiguo Hotel Lina, nos provocó mucha curiosidad que las horas antes del concierto, estuvieran ambientadas por merengues de los años 80,salsa y mucha bachata, parecía todo, menos que íbamos a ver un artista tan romántico, pero realmente lo disfrutamos.

La joven llamada Johanna Almánzar, encargada de abrir el show, realmente presentó un espectáculo fuera de serie, en buen dominicano, podemos afirmar que ``se las comió.``

El salón estaba repleto de personas, la mayoría de edad bien avanzadas.Cuando hizo su entrada triunfal la estrella invitada, la ovación no se dejó esperar.

Presentó un show que dio lugar al título de este artículo, entendiendo que él tiene una edad bastante avanzada, y pidiendo perdón porque no soy una experta para hablar de música, pero tengo muy buen oído, yo diría que ha adaptado su voz, acorde con los cambios que el tiempo ha provocado  en ella, lo que le permite en algunas ocasiones subir y en otras más bien, hablar sus canciones, no obstante no lo sentí desafinado nunca.

Bien manejadas esas estrategias, logró un show fino, con un excelente sonido musical, no sé cómo sería para las personas jóvenes, pero por más que intentaba cantar todas sus canciones, las cuales conozco, no pude hacerlo en los tonos en los cuales canta ahora…No se puede tirar, pero se ``jondea``, bien por él, nos divertimos muchísimo e interactuamos con personas muy chula.




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