miércoles, 18 de septiembre de 2013

EXPERIENCIA EN EL TEATRO NACIONAL




La primera vez que vino Ricardo Arjona al  país fue para mí sumamente emocionante, recuerdo que busqué  ese dinerito como ustedes no se imaginan para que fuéramos a verlo mi esposo y yo, fue así porque realmente la que me estaba volviendo loca por ir era yo.

Llegado el día nos presentamos bien glamorosos, yo llevaba puesto un vestido que abajo  Tenia la forma de un pantalón, o al revés un pantalón enterizo que parecía un vestido, justo encima de la rodilla, de tal manera que al sentarme con las piernas cruzadas se me veía parte de los muslos.

Ya  sentados en nuestros asientos vino una mujer y se sentó a mi  izquierda , de modo que yo estaba sentada entre mi marido y ella.

Desde que se sentó empezó a buscar conversación conmigo, me pidió una servilleta y se la di, me hizo otras preguntas que ahora no recuerdo, mientras mi marido me tocaba con el  codo, pues ya se estaba sintiendo incómodo.

La  mujer seguía  con la misma insistencia y mentalmente me puse en oración porque pensé que cuando el espectáculo comenzara, si ella seguía hablándome iba a tener que pedirle que se callara y temía un problema debido a que empezaba a sentirme acosada.

Dios que nunca me falla escuchó mi oración y vino una acomodadora con una persona  a quien le correspondía el asiento donde ella estaba sentada pues la señora estaba sentada en la butaca equivocada, en mis adentros dije: gracias papa Dios.

Ella ofreció resistencia insistiendo en que ese era su asiento, aunque la boleta decía lo contrario, cuando no le quedó más remedio, de una manera tan rápida que ni siquiera me dio tiempo a reaccionar me paso una mano por una rodilla y me dijo: “La verdad es que tu eres una negra graciosa”…permanecí unos segundos perpleja ante el ataque rápido de esta mujer, pero dando gracias a dios por el  feliz desenlace de esta incómoda situación.










1 comentario:

Saray Acosta dijo...

jajajajajaja, Que momento más inusual, pero realmente se dá!!

Bendiciones y sigo como el primer día disfrutando de sus enseñanzas y vivencias.

Un Abrazo,

Saray Acosta