lunes, 4 de mayo de 2020


El coronavirus y el trabajo

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En todos los países, las personas asalariadas y con un alto grado de responsabilidad, siempre tienen que rendir cuentas a un superior inmediato, el cual, a su vez, lo hace a alguien que en el orden jerárquico está por encima de él, logrando con esto, que la presión de trabajo, venga en una escala descendente, afectando fuertemente al que realiza las labores del día a día.
Es así como, sin propuesta previa, el stress se apodera del cuerpo y la mente, y más aún, se convierte en un compañero que, sin permiso, toma el control del sueño y en ocasiones, de la salud.
Esta situación mueve a cuestionar el objetivo final de tantas presiones, y en muchas ocasiones, aparecen los deseos de abandonarlo todo, pero la realidad obliga a aterrizar y reflexionar, y como todo buen soldado, nunca se abandona la batalla.
De repente, sin previo aviso, el mundo es invadido por el coronavirus, inmisericorde, cruel, dispuesto a reducir la Humanidad a su mínima expresión, distanciador y dispuesto a que los seres humanos se conviertan en fríos, dependientes de la tecnología.
Parecería que uno de sus propósitos, es que la Humanidad entienda que todo puede cambiar en un segundo, y que de pronto, todos podemos quedarnos de brazos cruzados e impotentes. Todas las metas que tantos desvelos nos causaron, no se sabe a ciencia cierta, cuando podrán cumplirse.
Es posible que necesitemos autoanálisis, reflexión, cambios, y también entender que el hombre no es omnipotente.
Ojalá hagamos de la humildad nuestra aliada favorita, pues esto contribuiría a tener la sensibilidad para aprender a ser empáticos, poniéndonos en el lugar de la persona a la cual supervisamos, y asimilemos que la adversidad es una gran maestra.
Por Epifania de la Cruz (epifaniadelacruz@ gmail.com / www.renacerparatodos.net)
*La autora es psicóloga clínica
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