domingo, 17 de marzo de 2019

SUERTE DE CHAPEADORAS

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Definitivamente, solo hay que estar vivos para que nuestros oídos se mantengan ejercitados, aunque digamos que no vamos a prestar atención, siempre lo hacemos.

Entre los profesionales que cuentan con la mayor licencia para escuchar las cosas más insólitas, estamos los psicólogos. Normalmente, las personas nos confían sus penas y alegrías, muchas veces, del modo más peculiar del mundo.

Lo siguiente fue narrado por una chica, aclaro que no fue en consulta, lo hizo de la manera más cómica, inclusive delante de una persona del sexo masculino:

``Oigan ustedes, hace un tiempo conocí a un hombre, por cierto  hasta bien se veía, él me ayudaba económicamente, y cada vez que yo le pedía dinero, sin problemas, me lo daba.

Llegó un momento en que me sentí tan comprometida con él, pero tenía muchas dudas ya que nunca me insinuó siquiera, que quisiera acostarse conmigo. Estaba muy intrigada, porque lo normal es que el hombre, tan pronto te da algo, quiera acostarse contigo.

Como él no lo hacía, yo se lo propuse. Les juro que creí que me la estaba comiendo, pero una vez a solas con mi apuesto hombre, me llevé la sorpresa de mi vida, por poco me desmayo. Sentí una decepción enorme cuando mi príncipe azul se desnudó. Ohhhhh Dios mío, pensé para mis adentros. Aquel hombre tan detallista, considerado, apuesto y elegante, tenía el pene más chiquito que he visto en mi vida, realmente parecía una pasita, con decirles que ni siquiera le servía el preservativo.

Creo que se me fue la mano con mi reacción, porque después de lo que paso allí dentro, el hombre jamás ha vuelto a hablarme, ni siquiera me dirige la mirada cuando nos tropezamos en algún lugar. Resulta, que dentro de su vergüenza, por mi asombro ante aquel micropene, trató de entablar una conversación (sin sentido). Me dijo, casi entre dientes, que tenía su esposa y que ésta, estaba embarazada. Yo, sin salir de mi asombro, le pregunté y con qué, con eso… 

Muchas veces he pensado en hablarle, ya que mi situación económica está muy difícil y realmente él me ayudaba mucho con los chelitos”.

Les confieso que, mientras escuchaba a esta mujer en su narración, no lograba salir de mi asombro, y a la vez pensaba: Como decimos los dominicanos... Qué mujer tan pechua.!!!

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