domingo, 10 de marzo de 2019

DEJAR IR…SOLTAR




Algunas ataduras realmente son muy malas, cuando no aprendemos a soltar, nos hacemos esclavos de las situaciones.

Con este pensamiento, traigo a mi mente algo vivido con un perro llamado Tonky, al cual yo  amaba con locura.

Era grande y hermoso, todos los días yo salía al patio, y además de darle su comida, limpiaba la zona donde él hacía sus necesidades.

Un día nos fuimos de fin de semana, dejando a mi hijo encargado de su comida, pero cuando regresé, a pesar de  lo alegre que se mostró, sentí tristeza en su mirada, y pude observar que su área estaba totalmente limpia, lo que me hizo pensar que en mi ausencia ni defecó ni orinó, y además estaba muy inquieto.

Preocupada llamé al veterinario, quien luego de analizarlo concluyó que tenía un problema renal.

Durante varios días el profesional venía a diario a inyectarlo, logrando con mucha dificultad que orinara un  poquito…Solo movía su pequeño rabo  cuando yo le hablaba. No puedo precisar cuál de los dos estaba más triste.

Llegó un momento en que ya no me miraba a los ojos, se colocaba en dirección contraria y con mucha dificultad trataba, cada vez con más esfuerzo de mover  su rabito.

Luego de una semana de sufrimiento mutuo, entendí que él quería morir, pero yo no lo dejaba ir, luego de derramar un mar de lágrimas, llamé al veterinario y le dije  que no fuera…Ese mismo día Tonky descansó en paz.


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