miércoles, 13 de junio de 2012

REFLEXIONES





Pasan los años y dejan sus huellas, tanto en la piel, como en el alma, tendemos a madurar y a darnos tiempo para las reflexiones.

Estas nos ayudan a veces a aceptar sin amarguras los errores del ayer, podemos asimilar sin lágrimas, que una gran cantidad de personas a quienes considerábamos amigos (as) pasan a ser sólo personas conocidas, con las cuales en algún tiempo pasamos momentos agradables, hicimos empatía y nos confundimos.

La amistad debería ser algo profundo y duradero a través del tiempo, y que viviéramos al tanto de todas las cosas malas o buenas que sucedan en torno a esa persona que se considera amigo(a).

La prosperidad y la fama no son favorables para el diagnóstico de la amistad, ya que cuando poseemos esos atributos la gente nos rodea como abejas a la miel, haciéndonos creer que somos dioses.

La mejor prueba para calificar o descalificar amigos son los momentos difíciles, por ej. falta de empleo, enfermedad, prisión, etc., son tan pocos los que aprueban con buenas calificaciones, que de no tener la preparación adecuada, se podría dar cabida a la depresión.

Generalmente hay algunos indicios de que la amistad no existió realmente o no es sincera, lo que sucede es que solemos engañarnos, y nos aferramos a relaciones que nada aportan.

Ojalá pudiéramos depurar bien este tipo de relaciones cuando somos jóvenes aún, para que cuando lleguemos a una edad considerable y empecemos a colocar supuestas amistades en una balanza, el peso de la misma no se incline hacia lo que nunca existió.

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