martes, 30 de diciembre de 2008

CUANDO LE FALLAS A ALGUIEN

Tengo una amiga que afirma que es mejor no esperar nada de ningún ser humano, porque de esa forma te sorprenderás con lo poco o mucho que recibas.

Esto se oye muy bien, pero no es fácil llevarlo a la práctica porque en la mayoría de los casos nos traicionan los sentimientos, especialmente si de las personas de quienes esperamos son familiares muy queridos por nosotros, por ejemplo nuestros hijos.

No sé si en algún momento se te habrá presentado alguna situación inesperada y muy confiadamente acudes a una determinada persona confiando plenamente en que te va a ayudar a salir de un determinado problema porque está a su alcance, pero de repente recibes una respuesta tan inesperada que sientes un frío emocional tan grande que no se puede describir.

A veces damos mucho y entendemos que el que recibe debe tener un compromiso de devolución con nosotros: esto no es así. Los seres humanos todos somos diferentes y lo que para uno tiene gran significado para el otro carece de valor, y el hecho de que seamos agradecidos no significa que el prójimo tiene que devolvernos en la misma proporción.

Esto podría aliviarse con algo tan difícil que ojala todos nosotros pudiéramos llevar a cabo y es que cuando demos algo, hagamos algún bien o ayudemos a alguien a resolver una determinada situación, lo hagamos llevándonos del consejo con el cual iniciamos este articulo y aplicando un refrán que dice: HAZ BIEN Y NO MIRES A QUIEN.

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